La batalla entre el Alzheimer y la memoria afectiva

Por Pablo E. Arriola
Estudiante de Medicina – Univesidad de Buenos Aires

 

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Se considera presente en el 60-80% de los ancianos, afectando al 5-20% de la población mayor de 65 años, y se caracteriza por el deterioro progresivo de funciones cerebrales; desde la memoria reciente y la orientación en sus etapas iniciales, hasta trastornos de la personalidad y falta de juicio en estadios más avanzados.

Los causantes de este deterioro aún no se conocen con exactitud, sin embargo, la histopatología en cerebros con AD es clara, y se pueden reconocer principalmente dos marcadores:

Placas Seniles
El procesamiento anormal de una proteína en la membrana de las neuronas (APP; del inglés “Amyloid Precursor Protein”) causa la formación de  una sustancia  (Aβ-amiloides) que al acumularse forma las pacas seniles, iniciando una cascada de reacciones que deterioran el cerebro, preferentemente en zonas del hipocampo y la corteza entorrinal.

Ovillos Neurofibrilares
TAU es una proteína  involucrada en el mantenimiento del “esqueleto” de la neurona y el traslado de sustancias. Su excesiva fosforilación causa una falla en sus funciones, provocando una deformación de su estructura (su “esqueleto” se desestabiliza) impidiendo el movimiento de sustancias, lo cual causa muerte celular.

Esta falla se ha podido apreciar en otras enfermedades neurodegenerativas.

Estos daños cerebrales en zonas específicas de la memoria causan lo problemas clásicos de la enfermedad, dentro de los cuales está el no poder reconocer a las personas.

Reconociendo personas

tumblr_inline_nqmosuuijs1rtjkrf_1280Al conocer a alguien, podemos recordar quién es, gracias a los primeros procesos de la consolidación de la memoria que se dan a cabo principalmente en un circuito entre el hipocampo, cuerpos mamilares y tálamo dorsal.
Si seguimos viendo a esta persona, estimulamos aún más este circuito, logrando que este proyecte señales a diferentes regiones de la corteza cerebral. De esta forma, la información logra una diseminación “global” en el encéfalo.
Al padecer AD, todo esto falla de a poco, y el primer target de la enfermedad es el hipocampo, para posteriormente ir consumiendo el resto del cerebro. Por lo tanto, es imposible o difícil (dependiendo de la etapa) para el afectado reconocer a las personas.

Entonces, ¿Cómo es posible que una persona afectada con AD pueda reconocer una relación afectiva con alguien, habiendo olvidado por completo de quién se trata?

Se sabe que la consolidación de la memoria puede ser reforzada por un componente emocional, gracias a la intervención de núcleos de la amígdala en el proceso. Es por eso que al recordar a alguien de manera emotiva, logramos evocar su imagen con mayor facilidad (por ejemplo, el recuerdo de una pareja es mas claro que el de algún conocido del trabajo).
En el caso de personas con AD, el recuerdo emotivo es el último que queda (posiblemente) debido a que está mejor consolidado y requiere – como ocurre en etapas ulteriores – la destrucción de más estructuras para su eliminación.

El afecto es lo último que nos queda.

Esta “resistencia” de la memoria afectiva es un aspecto al que debemos aferrarnos para lidiar con esta terrible enfermedad, principalmente porque durante episodios de alucinaciones, angustia y/u otros, la presencia de un ser querido y el cariño es fundamental para apaciguar la crisis.

Por otro lado, estas observaciones nos dan algunas pistas a favor de la belleza de la naturaleza humana. Porque al eliminar información condicionante (parentesco, estatus, reputación, etc) sobre un individuo, lo restante es el verdadero sentimiento que hay detrás por esa persona.
Dicho de otro modo, la enfermedad borra motivos que justifican el “porqué se quiere a alguien”(ejm. porque es mi hijo, mi amigo, etc), y deja en manifiesto el cariño per se.

La aseveración anterior se debe entender en un contexto de la etapa pre-demencial y por sobre todo teórico. Ya que los signos y síntomas de la enfermedad se superponen sutil y progresivamente, siendo confusa la interpretación del estado emocional puro del afectado.

Alguien con AD sigue amando a pesar de demostrar lo contrario.

Tristemente, una vez instaurada la demencia, la conducta de la persona termina variando de tal manera, que afecta también a quienes la rodea.

Sin embargo, estos indicios de que el patrón afectivo es el último escalafón afectado en la memoria, debe motivar a los seres queridos a no caer en la angustia. Ya que todo indica que el verdadero amor interpersonal está lejos de su simple reconocimiento a través de la memoria declarativa y/o el comportamiento; y que personas con AD conservan el cariño hasta el final, como quien mientras se hunde, asoma su nariz por la superficie para dar un ultimo respiro.

Referencias bibliográficas

Roy Yaari, M.D.; Jody Corey-Bloom, M.D., Ph.D. – Alzheimer’s Disease – Semin Neurol. 2007;27(1):32-41.

Purves D, Augustine GJ, Fitzpatrick D, et al., editors. Neuroscience. 2nd edition. Sunderland (MA): Sinauer Associates; 2001.

 

Fuente: http://neurosofia.tumblr.com/post/122628690087/la-batalla-entre-el-alzheimer-y-la-memoria

Acerca de ascadacr

Organización sin fines de lucro, en pro de familiares y cuidadores de pacientes con Alzheimer y enfermedades afines.
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